PABLO TORRES SALVADOR
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Blog de Pablo Torres Salvador

29.08.2015
PABLO TORRES SALVADOR
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Una noticia del diario Las Provincias firmada por Alberto Rallo el pasado 25 de agosto ha abierto el debate: 329 expedientes judiciales de Familia están bloqueados en el partido judicial de la ciudad de Valencia a falta de informe psicosocial cuya demora ronda el año de media. Ya lo anticipaba semanas atrás el Ilmo. Decano de los Juzgados de Valencia, D. Pedro Viguer, en una nota de prensa emitida por el Tribunal Superior de Justicia en la Comunidad Valenciana (TSJCV). La primera cuestión a plantearnos es porqué la falta de este tipo de informes puede bloquear de tal modo la resolución de un procedimiento de familia. Y realmente no cabe duda de la trascendencia del informe psicosocial para el Tribunal de Justicia, como auxilio para dilucidar en cada caso qué régimen de guarda y custodia o qué régimen de comunicación es más adecuado para el bienestar superior de los menores. La segunda cuestión hace referencia a cuanto esfuerzo y la dedicación requiere su elaboración como para que pueda haberse llegado a una demora de estas características. La realidad es que muchos desconocen el trabajo exhaustivo que requiere la elaboración de un informe psicosocial de calidad, un mínimo de 25 horas que pueden llegar fácilmente a las 40 horas en los casos más complicados. Pero, ¿realmente son tantos los procedimientos judiciales de familia que requieren el auxilio del Perito Psicólogo? Atendiendo a la legislación Valenciana podemos plantearnos serias dudas al respecto: la sentencia 9/2013 del TSJCV establece que los “informes sociales, médicos, psicológicos y demás que procedan” deben servir para probar el supuesto perjuicio para los menores del régimen compartido, recayendo la carga probatoria de esta eventualidad precisamente en el progenitor que rechaza dicho régimen, dado que éste es considerado como régimen general de elección en la Comunidad Valenciana (Ley5/2011 de la Generalitat Valenciana de fecha 1 de abril). Sin embargo, en muchos procedimientos judiciales es el Fiscal o el Juez quien insta dicha prueba aún a pesar que la parte que rechaza el régimen compartido no la haya solicitado, lo que puede llegar a contravenir la mencionada doctrina del TSJCV y en la práctica puede resultar a todas luces innecesario, a la par que puede estar sobrecargando innecesariamente tanto al sistema judicial y los Equipos psicosociales como al erario público en el que recae su coste, e incluso hay quien puede llegar a considerarlo una auténtica transgresión del necesario principio de neutralidad entre una y otra parte del contencioso judicial, dado que instar su realización en principio beneficia  principalmente a una de las partes, la que debería haberlo solicitado y no lo ha hecho. Discriminación entre partidos judiciales Por otra parte existe controversia respecto a porqué en los partidos judiciales que cuentan con Equipos Psicosociales de técnicos en plantilla, un usuario puede acceder a coste cero a un informe psicosocial aunque no sea beneficiario de justicia gratuita, corriendo su coste a cargo del erario público. A diferencia de los Juzgados que no cuentan con este personal en plantilla, que tienen que recurrir a los listados de Psicólogos Forenses o al Turno de Oficio, y es el usuario quien debe costearse el informe a igualdad de renta que aquellos. Pero es que desde hace unos años y cada vez con mayor frecuencia nos encontramos con una tendencia a compensar esta “discriminación” entre unos partidos judiciales y otros por parte de los propios Jueces y Fiscales, quienes instan la realización de dichos informes a “precio social” aunque las partes dispongan de recursos económicos más que suficientes, con lo que de nuevo la Administración se ve obligada a asumir su coste. Es decir, en la actualidad el erario público tiene que asumir el coste de muchos informes psicosociales de usuarios que no son beneficiarios de justicia gratuita, ya sea mediante el aumento de la plantilla de técnicos de los Equipos psicosociales, la retribución a los Peritos del Turno de oficio, o el plan de choque que la Consellería de Justicia estudia poner en marcha en breve para solucionar los mencionados 329 expedientes pendientes en Valencia. La situación es paradójica: usuarios que cuentan con ingresos más que suficientes para hacer frente a un proceso judicial y para costearse el Abogado más caro posible, se ven beneficiados a costa del erario público en el abono del informe psicosocial por mera razón de vecindad o en función del Juez o el Fiscal que “les ha tocado”. Demora debida a cuestiones ajenas al Perito Por otra parte, el propio procedimiento judicial contribuye innecesariamente a la demora del informe psicosocial en muchas ocasiones: Demorando la solicitud del informe: si muchos Fiscales y Jueces lo van a solicitar de todas maneras, parece oportuno preguntarse porqué en algunos Procedimientos se espera hasta la fecha de la celebración del juicio para llevarlo a tal efecto, en muchos casos entre 6 y 12 meses tras iniciarse el Procedimiento, lo que añadido a los entre 3 y 4 meses de espera mínimos hasta disponer del informe o hasta un año en el partido judicial de Valencia, resulta en una demora insoportable para muchas familias. O utilizando procedimientos para designar a los Peritos que por sí solos retrasan una o dos semanas la aceptación del encargo: como comunicar la designación por medio del correo postal, en lugar de hacerlo por medios muchísimo más rápidos como el email, el teléfono, o ambos conjuntamente. Encarecimiento del coste a discreción del Perito Y tampoco existe un sistema que establezca claramente el coste para el usuario que solicita judicialmente un informe psicosocial y le permita conocerlo de antemano, pudiendo además llegar a duplicar su precio a discreción del Perito en quien recaiga el encargo, lo que por un lado puede resultar injusto para muchos usuarios que abonan un alto precio no acorde a la calidad del informe y a pesar de que es solicitado a través del Juzgado y no se trata de un informe de carácter privado, y por otro retrasa en dos o más semanas su inicio debido al procedimiento de solicitud de fondos y posterior aceptación del usuario. Por otro lado el Perito sólo puede repercutir el coste real de cada informe a los escasos encargos que recibe ajenos a la consideración de coste social mencionada. En definitiva, el coste del informe psicosocial recae en demasiadas ocasiones de forma innecesaria en la propia Administración pública, lo que favorece a algunos usuarios a pesar de no contar con el beneficio de la justicia gratuita, y discrimina a otros en función del partido judicial al que pertenezcan o según la voluntad de jueces y fiscales. Su cuantía no es conocida previamente por el usuario que lo solicita, pudiendo llegar a duplicar su coste a discreción del Perito, lo que sin duda ha contribuido a generar un sentir general de que se trata de una prueba demasiada cara, ante el desconocimiento de la dedicación que requiere. Todo lo cual es propiciado por un sistema arcaico y poco eficaz que en más ocasiones de las deseables deja insatisfechas a casi todas las partes (usuarios, Jueces y Fiscales, Peritos y Letrados).
03.06.2015
PABLO TORRES SALVADOR
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¿Hasta qué punto debe ser decisiva la opinión del menor en el proceso de divorcio matrimonial contencioso? La escucha al menor en la legislación vigente En España nuestro Código Civil y nuestra Ley de Enjuiciamiento Civil establecen con claridad la importancia de que la opinión del menor sea oída en el ámbito jurídico, en base a los siguientes tres preceptos: 1) se debe oír a los menores que tengan suficiente juicio, siendo la edad de 12 años la hipotética de tal situación, si bien sólo para el proceso contencioso; 2) la audiencia para que el menor sea oído se realizará «cuando se estime necesario», y 3) la iniciativa para tal audiencia puede acordarse de oficio o partir de la petición del Fiscal, las partes, miembros del equipo psicosocial, o del propio menor. Obstáculos para realizar la escucha al menor Si bien en la práctica nos encontramos con diversos problemas para hacer efectivo y garantista dicho proceso de escucha al menor, si tomamos como referencia la doctrina de la Convención de los Derechos del Niño en su artículo 12, a través de la Observación General 12 dedicada al derecho del niño a ser escuchado y la 14 en relación a su interés superior (publicadas en junio de 2009). En primer lugar, la Convención establece que la opinión del menor pueda ser no solo «oída», sino también «escuchada». Lo que en la práctica supone la necesidad de razonar la decisión de apartarse de lo manifestado por el niño, y no sólo tomarlo en consideración sin obligación alguna, que es conceptualmente lo que significa el «derecho a ser oído» de nuestra legislación. Por otro lado, el menor debería recibir información sobre cuál es el objetivo de la escucha, las cuestiones que van a ser abordadas y las consecuencias de las decisiones que puedan adoptarse, y disponer de una información veraz, completa y objetiva. Y tampoco se ha previsto un método para asegurar que el niño pueda comunicarse de forma general, con celeridad y de forma normalizada, con el Juez y con el Fiscal como parte ordenada del proceso. Pero, sobre todo el derecho del niño a ser escuchado presupone ausencia de presiones y debe ejercerse con libertad, si bien en los procesos matrimoniales contenciosos es frecuente un intento de utilizar al menor por parte de sus progenitores. Sin embargo, este «juego sucio» generalmente no suele tener coste alguno para el que se sirve de ello. Y finalmente, al menor muchas veces se le traslada que su opinión no es decisiva para la resolución judicial, generalmente para aliviarle del peso de la responsabilidad, lo que en la práctica puede encubrir otro intento más de utilizarlo de forma partidista por parte de sus progenitores. Si el menor cree que su opinión no va a tener repercusión alguna, y que se trata de un mero trámite, ¿hasta qué punto puede valorar las posibles consecuencias de sus manifestaciones, y trasladar al Juez y al Fiscal sus verdaderos deseos y no los impuestos por uno de sus progenitores en forma de «escenarios prestados»? El menor que toma partido por uno de sus padres inmersos en un contencioso creyendo que su opinión no es decisiva, suele creer erróneamente que apoyando a dicho progenitor no está actuando en contra del otro, e incluso que se mantendrá en la confidencialidad más absoluta. La necesidad de garantizar la ausencia de presiones al menor Por todo ello, quizás la pregunta a plantearnos no sea si el menor tiene derecho a opinar, sino si contamos con los mecanismos necesarios que garanticen que su opinión sea libre y ajena a presión alguna, y que no esté determinada o manipulada por otros o se encuentre asociada a un deseo del propio menor de favorecer al progenitor que menos límites y normas le está exigiendo. Como muestra de lo cual se muestran los siguientes ejemplos extraídos de casos reales en procedimientos de guarda y custodia: En el primero de estos casos, el menor de 13 años de edad planteaba la conveniencia de la custodia individual materna en base a que ese era el régimen de custodia que tenían sus compañeros y amigos cuyos padres estaban separados, así como que “ella es la que me ha parido”, o que su hermano menor “necesita más a su madre, los niños pequeños necesitan más a su madre”. En otro caso real el menor de 14 años de edad se decantaba por una custodia compartida a pesar que “Mi madre nos ayuda con todo”, en base a que la actual pareja de su padre “si que ha dado los estudios que estoy dando, y su hija también, y podrían ayudarme más”, y que “Seremos más, más gente, y estaremos mejor”. Y su hermano de 11 años se decantaba por dicho régimen también en base a que deseaba ver más a su padre “porque es mi padre”, si bien él mismo reconocía que  no sabía si sería bueno o no para ellos el cambio a dicho régimen de custodia. Y en un tercer caso, la menor de 16 años de edad, decidió cambiar de un régimen individual materno a otro individual paterno, a pesar de no contar con amigos en la población donde residía su padre lo cual le entristeció enormemente en sus últimas vacaciones estivales con él, porque con él existían muchas menos normas y por los privilegios que le había prometido. El poder que la escucha otorga al menor Es decir, cuando se escucha al menor no sólo se está cumpliendo con los preceptos de la Convención de los Derechos del Niño y con la legislación vigente en nuestro país, también se le está otorgando un poder a un niño que muchas veces no sabe qué es lo mejor para sí mismo, como se ha podido apreciar en los ejemplos mencionados. Concluyendo, deberíamos contar con mecanismos que garanticen que el poder que ponemos en manos del niño realmente va a resultar en decisiones positivas para su desarrollo psicosocial, y que no es utilizado por el progenitor sin escrúpulos para alcanzar sus propios intereses. Muy probablemente dispongamos ya de los recursos necesarios, pero falte utilizarlos más eficazmente...
26.05.2015
PABLO TORRES SALVADOR
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¿Puede ejercer adecuadamente la custodia de sus hijos y primar el interés superior de éstos, el progenitor que no ha superado aún la ruptura de su relación con el padre/madre de sus hijos, y que muestra un intenso odio hacia la nueva pareja de éste, con reacciones de celos, insultos, amenazas, todo ello sin justificación alguna más que en su propio rencor y sus dificultades para superar la pérdida sufrida con dicha ruptura? La inestabilidad emocional parental La inestabilidad emocional del progenitor puede suponer un doble riesgo para el desarrollo psicosocial de sus hijos al encontrarse bajo sus cuidados: 1) Por un lado, en cuanto a las numerosas situaciones de alteración emocional que éstos van a tener que vivir provocadas por el odio, los celos, la inseguridad, las reacciones de ira y en general el descontrol emocional de este progenitor que podemos definir como inestable, de tal manera que dependiendo siempre de su estado emocional, el menor puede vivir inmerso en una auténtica “montaña rusa emocional”. Las alteraciones afectivas del citado progenitor pueden ocurrir cada vez con mayor frecuencia, asociadas a cualquier comportamiento que detecte en su expareja que le resulte intolerable desde su peculiar punto de vista afectivo: Por ejemplo, que su suspicacia y vigilancia le lleven a descubrir que la nueva pareja de su ex se está encargando de los cuidados de su propio hijo o de sus deberes escolares, incluso en casos de ausencia obligada de su ex por motivos laborales. O la mera insinuación del menor en relación a que lo pasa bien cuando se encuentra en compañía de su otro progenitor, o peor aún cuando está bajo los cuidados de su nueva pareja, y especialmente si el menor hace referencia a ésta de cualquier manera que pueda ser percibida de forma amenazante para su deseo de continuar siendo el progenitor principal o más importante en la vida del niño, bastando que el menor verbalice “mi otra mamá” o “mi otro papá” para desencadenar su frustración, su indignación y consecuentemente su ira. O, casi consecuentemente, que el otro progenitor se “atreva” a recoger al menor en compañía de su pareja actual, e incluso el mero hecho que ésta aparezca por su localidad aunque se quede esperando en el coche a una o dos calles de distancia fuera del alcance de su vista. Cuando al menor se le niega que pueda querer por igual a ambos progenitores En consecuencia, el menor puede sentirse enormemente limitado para expresar sus sentimientos al otro progenitor, a su pareja, o a los hijos de ésta, e incluso en ocasiones al resto de sus familiares, por el temor a traicionar el cariño del progenitor inestable mientras no tenga la absoluta seguridad que son aceptados por éste, al encontrarse inmerso en un auténtico conflicto de lealtades, para el que no tiene suficiente capacidad de resolverlo. E igualmente puede llegar incluso a rechazarles o a bloquear de alguna manera el cariño que pueda llegar a sentir por ellos, negándose a sí mismo la capacidad normalizada y sana de querer por igual a sus dos progenitores y a sus familias, reforzado por quien en el fondo desea apartar a su expareja de la vida de su hijo. Rechazo que puede perdurar hasta que el niño no desarrolle una actitud suficientemente crítica con este bloqueo emocional que se le ha impuesto, lo cual muchas veces no ocurrirá hasta bien avanzada la adolescencia, y en otros casos nunca llegará a ocurrir porque el daño producido ya es irreversible. La posibilidad de Parentificación En ocasiones, el menor puede llegar a asumir un rol de defensor del progenitor inestable, bien porque lo percibe más débil, sin duda influido por multitud de quejas de éste en las que ha venido adoptando el rol de víctima del otro progenitor; si bien muchas veces lo que subyace es su propio miedo y la consiguiente necesidad de evitar un nuevo episodio de descontrol emocional por su parte. Esta defensa a ultranza puede constituir una auténtica Parentificación en la que el menor adopta el rol de padre para protegerle, pudiendo llegar a faltar a la verdad incluso en forma de posibles denuncias falsas, o apoyarle en sus pretensiones judiciales aunque éstas no sean justas, o más frecuentemente en los conflictos cotidianos que suelen aparecen entre ambos padres. Cuyas posibles repercusiones en la propia maduración emocional del menor indiscutiblemente acabarán por pasarle factura. El progenitor inestable como modelo parental para el menor  2) Y por otro lado,  el segundo tipo de riesgo para el menor se constituye por la propia cualidad de modelo a imitar que cada progenitor representa para  los menores a su cargo, que en el caso del inestable supone que los niños pueden aprender a establecer vínculos afectivos de una manera similar a la suya.  El progenitor inestable emocionalmente generalmente desarrolla un tipo de Apego Inseguro Ansioso que se caracteriza por una alta dependencia de los demás, un miedo excesivo a ser abandonados/as, la necesidad de confirmaciones de cariño y aceptación, la exigencia de una excesiva intimidad, el desarrollo ante una ruptura de un importante desequilibrio afectivo, reacciones frecuentes e intensas de celos y desconfianza, y miedo a la soledad. El menor que desarrolla una forma ansiosa de establecer sus relaciones de cariño, puede acabar con problemas emocionales similares a estos, por tanto con una excesiva necesidad de dependencia del cariño de los demás sobre todo en las relaciones de pareja, con unos celos intensos e infundados, temor al abandono y esfuerzos frenéticos para evitarlo, etc. Habitualmente este tipo de progenitores inestables emocionalmente suelen utilizar un estilo educativo con características Sobreprotectoras, por lo que tienen dificultades para establecerles límites y enmarcar a los menores en unas normas de la vida cotidiana que les permitan desarrollar su autocontrol y su resistencia a las frustraciones, así como su autonomía y su autoestima. Pero también pueden mostrar características Negligentes, de escasa capacidad para cuidar de ellos de una forma responsable, o Rígidas con cierto autoritarismo para hacerse obedecer por ellos. Lo que puede hacer de los menores unos niños vulnerables a varios problemas emocionales, como la timidez  y el retraimiento, la dependencia y la necesidad de apoyo, y que pueden desarrollar actitudes de hostilidad hacia su entorno social como forma de expresar sus sentimientos. La inestabilidad emocional descrita en este post se basa en dos casos reales de separación contenciosa, en los que los Informes Periciales Psicológicos realizados permitieron poner de manifiesto el grave riesgo que el ejercicio de la custodia por parte del progenitor que se ha denominado inestable puede suponer para el interés superior de los menores a su cargo.
10.05.2015
PABLO TORRES SALVADOR
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Custodia compartida en el marco de la Ley valenciana La Ley 5/2011 de 1 de abril de la Generalitat Valenciana de Relaciones familiares de los hijos e hijas cuyos padres no conviven, vino a ofrecer un marco legal al cuerpo actual de conocimientos científicos acerca de los numerosos beneficios para los hijos del régimen de guarda y custodia compartida tras un divorcio o separación. A diferencia de otras legislaciones existentes actualmente a lo largo de la geografía española, en la Ley valenciana se establece como régimen prioritario de elección el de custodia compartida, pasando a considerarse el régimen individual de custodia para uno sólo de los progenitores como un régimen excepcional vinculado al interés superior de los hijos, de elección sólo en caso que la custodia compartida pueda ser perjudicial para ellos, revirtiendo la situación legal anterior en la que sólo se podía establecer el régimen compartido en caso que fuera la única forma de garantizar el bienestar superior de los hijos. En el desarrollo posterior que ha venido a completar este cambio legislativo se establece: a) que la carga probatoria del supuesto perjuicio para los hijos del régimen compartido recae en el progenitor que no está de acuerdo con dicho régimen, la cual deberá basarse en “informes sociales, médicos, psicológicos y demás que procedan”; b) que la mera entrada en vigor de esta nueva norma ya supone una modificación sustancial de las circunstancias que previamente hubieran servido para establecer un régimen de custodia individual, lo que en la práctica ha posibilitado la revisión de cualquier régimen de custodia establecido al amparo de la anterior legislación y previa solicitud de una de las partes; y c) que la distancia entre las poblaciones de residencia de ambos progenitores no tiene porqué constituir un obstáculo a la custodia compartida, siempre que el desplazamiento entre ambas no supere los 30 minutos. Obstáculos a la Custodia Compartida Sin embargo y aunque poca discusión cabe acerca de los numerosos beneficios de la custodia compartida y a pesar de su priorización legislativa, en la práctica judicial en la Comunidad Valenciana aún existen serias dificultades para que judicialmente sea el régimen de elección: Por parte de Jueces y Fiscales: Por un lado, y a pesar que la legislación establece que la carga probatoria debe recaer en la parte que rechaza este régimen de custodia, en la práctica muchos Jueces y Fiscales exigen contar con un informe pericial psicológico favorable aunque no haya sido solicitado por dicha parte, y en franca contradicción con la priorización que establece la propia Ley. Por parte de los Peritos Psicólogos: Si bien en principio dicha exigencia judicial en relación al informe pericial debería servir de mayor garantía del bienestar de los menores, en la práctica nos encontramos en demasiadas ocasiones con dos posibles graves deficiencias en los informes periciales de familia: Por un lado, la falta de unos criterios unívocos y científicamente rigurosos para garantizar la máxima objetividad posible en sus conclusiones respecto a su recomendación de un régimen u otro de guarda y custodia, lo que conlleva que muchas veces nos encontremos con dos o más informes periciales con conclusiones muy diferentes para un mismo procedimiento judicial. Y por otro lado, la falta de experiencia y formación en Psicología Forense existente en la realización de muchos informes periciales judiciales en la Comunidad Valenciana desde que en el año 2013 se suprimió dichos requisitos, dando entrada al turno de oficio actual a profesionales que acaban de concluir sus estudios universitarios en Psicología. Valgan como ejemplos, las conclusiones sin fundamento alguno alcanzadas en los siguientes tres casos reales: a) en el primero se concluyó que se había encontrado en el progenitor solicitante “la intención, pero no la conducta suficiente” para recomendar un régimen compartido en base a una única prueba psicológica de escasa utilidad administrada a los progenitores y en ausencia de prueba alguna a los menores; b) en el segundo se rechazó la custodia compartida argumentando que podría impedir a la progenitora marcharse a otra Comunidad Autónoma a buscar trabajo, como si de ello dependiera exclusivamente su acceso al mundo laboral y necesariamente se perjudicara a los menores; y c) en el tercer ejemplo se concluyó positivamente acerca de la competencia parental del progenitor a pesar de sus malos resultados en el único test empleado para valorarla, así como se concluyó que su diagnóstico previo de posible Abuso del alcohol probablemente estaba inactivo en la actualidad en base únicamente a los indicadores negativos de su consumo durante 3 días de una única semana en el último año. A consecuencia de cuyas deficiencias, muchos progenitores que se sienten desamparados por las conclusiones alcanzadas en el informe pericial judicial, tienen que recurrir a profesionales de mayor experiencia para promover otro informe pericial de familia alternativo a la pericia judicial, así como un informe de evaluación de dicha pericia judicial que ponga de manifiesto sus deficiencias, con el enorme coste tanto económico como emocional que ello supone, a la vez que puede dilatar el procedimiento judicial excesivamente en el tiempo. Por parte de los progenitores: Por otro lado, nos encontramos con dificultades por parte de los propios progenitores: Así, algunos progenitores principalmente padres reclaman el régimen compartido como si de un derecho propio se tratara, olvidando que realmente constituye un derecho-deber de contribuir a la crianza y educación de sus hijos en el ejercicio de su responsabilidad familiar y que exige un alto grado de compromiso, y obviando que principalmente se trata de un derecho de sus propios hijos a poder mantener una relación equilibrada y continuada con ambos progenitores. En definitiva, existen progenitores para quienes la custodia compartida es un derecho que no lleva implícita obligación alguna, lo que entra en plena contradicción con el propio objetivo de este tipo de coparentalidad, y arroja serias dudas acerca de su verdadera motivación al incluirla en su propuesta de divorcio. En cambio otros rechazan la Custodia Compartida con cualquier excusa ajena a cualquier base científica, principalmente madres, como la supuesta dificultad de los menores para adaptarse a dos hogares, el inexistente problema de la maletita, la distancia geográfica, o las pequeñas diferencias en sus estilos de crianza, e incluso con argumentaciones tales como que los niños sólo necesitan a su madre. O van más allá manipulando a los menores para que rechacen el régimen compartido, e incluso involucrándoles en una auténtica campaña de denigración del otro progenitor, en lo que puede llegar a constituir un auténtico proceso de Interferencia Parental o incluso de Alienación Parental. Es decir, existen progenitores que bien- o mal-intencionadamente rechazan compartir la crianza de sus hijos de forma injustificada, en ocasiones por desconocimiento y en otros casos por un interés personal ajeno al bienestar de sus hijos. Y en relación a los propios menores: A pesar de tratarse de un derecho filial más que parental conviene recordar que no podemos responsabilizar a los hijos de la elección ente uno u otro tipo de custodia, situándolos ante un auténtico conflicto de lealtades. En palabras de uno de nuestros Fiscales valencianos, “los hijos no tienen por qué saber qué es lo mejor para ellos mismos”, por lo que su opinión, que debe ser oída a partir de los 12 años de edad o antes si presentan suficiente madurez, no puede ser el factor fundamental para la resolución de un contencioso judicial de divorcio. Sin embargo son involucrados en el procedimiento en muchas ocasiones, bien por parte de alguno de los progenitores, o bien incluso por parte del propio sistema judicial recurriendo a su exploración judicial muchas veces de forma innecesaria. Adicionalmente, en la práctica judicial valenciana nos encontramos desgraciadamente con demasiada frecuencia y especialmente si se trata de un procedimiento de Modificación de medidas respecto a un divorcio previo, con que un progenitor, generalmente el padre, parece obligado a demostrar una y otra vez su competencia parental y su ausencia de motivación económica, así como la pertinencia para sus hijos del régimen compartido. Mientras que al otro progenitor, habitualmente la madre, parece que se le supone en términos de positividad todo cuanto concierne a su propia propuesta. Todo lo cual puede constituir una auténtica discriminación entre ambos progenitores por una aparente razón de sexo totalmente injustificada, que parece más propia de la legislación existente en décadas anteriores, que contraviene la legislación actual, y que definitivamente en nada beneficia a los menores.  
La necesidad del cariño de nuestros padres Algunas personas pasan toda su vida esperando a ser queridas, bien por su madre, bien por su padre, necesitándolo hasta tal punto que les impide ser felices aunque se sientan plenamente queridos por otras personas importantes de sus vidas, como su pareja, sus hijos, sus amistades o el resto de su familia. Su vida parece marcada por un permanente proceso de duelo, en el que sufren una y otra vez la pérdida que supone esa falta de cariño de una de las personas más importantes de sus vidas. Pérdida que les puede acompañar hasta sus últimos días a la espera de un gesto cariñoso, de una señal de aprobación, de un “Te quiero”, o que ya decir de un mínimo reconocimiento en público de que por fin han hecho algo bien en su vida. Consecuencias del rechazo afectivo Con mayor frecuencia quienes no se sienten queridos/as suelen ser hijas, y el cariño que anhelan el de sus madres. Desde su infancia estas hijas sufren un auténtico proceso de indiferencia e incluso rechazo afectivo de sus madres, para quienes parece que nunca llegan a hacer nada bien. Las correcciones y los reproches son continuos, produciendo múltiples sentimientos de culpabilidad, inutilidad o inadecuación para la vida. Reproches que ya durante su infancia sus madres suelen compartir con el resto de familiares, amigos, vecinos, y con las mamás de sus amiguitos/as, incluso en su propia presencia, y cuya persistencia durante su juventud y su edad adulta va aumentando sus sentimientos negativos así como su baja autoestima, haciéndolos difícilmente superables, por lo que muchas de ellas siguen sufriendo por ello incluso con 40 o 50 años de edad. La venganza como mecanismo de compensación Algunas de estas víctimas de la falta de cariño materno intentan compensarlo rechazando a su vez a sus propias madres, e incluso llegando a odiarlas. Pueden mostrarse continuamente enfadadas, y no aceptar consejo alguno de su parte, y menos en lo concerniente al cuidado y la crianza de sus propios hijos, a quienes por otro lado pueden llegar a utilizar a su vez para castigarlas, por ejemplo restringiéndoles su acceso a ellos, especialmente si perciben que éstos pueden encariñarse de ellas, sus abuelas, lo que pueden llegar a vivir como una auténtica amenaza a su propia relación con sus hijos, o si se excusan en que han detectado cualquier incumplimiento de sus estrictas normas de crianza cuando los dejan bajo sus cuidados. Esta utilización de los propios hijos para vengarse de la falta de cariño materno suele producir el efecto deseado, haciéndoles pagar por tanto dolor sufrido, pero paradójicamente con ello no consiguen dejar de sufrir, ni llegan a sentirse felices, quizás porque en el fondo la venganza no les satisface plenamente ni les permite sentirse finalmente queridas. El rechazo afectivo imaginario Sin embargo, en muchos ocasiones estas reacciones de venganza afectiva se producen en casos que no ha existido tan grave falta de cariño por parte de la madre, a la que además se acusa injustificadamente de buena parte de las frustraciones e inseguridades propias, o por el contrario de unas normas educativas supuestamente excesivas que realmente no fueron tales. Esta percepción irreal de rechazo afectivo es propia de personas que necesitan culpar a los demás de sus propios problemas para no asumir su parte de responsabilidad en los mismos, o que siempre necesitan sentirse víctimas de los demás para no tener que aceptar sus propios errores. Desarrollo de Dependencia Emocional La consecuencia más habitual de la falta de cariño materna real, no imaginaria, consiste en el desarrollo de una forma de Dependencia Emocional hacia el cariño y la aprobación de los demás, así como del de la madre alejada afectivamente. La relación afectiva entre cada una de estas hijas con su propia madre puede resultar casi tan desequilibrada como en el caso de la dependencia emocional de la pareja, pues mientras una parte lo da todo actuando de forma sumisa con tal de conseguir la aprobación materna, ésta sigue indiferente y ajena al efecto demoledor que sus reacciones producen en la autoestima y la estabilidad emocional de su propia hija. Funcionalmente, las conductas de búsqueda de señales de confirmación por parte de la hija en relación a que su madre “Sí que me quiere”, o simplemente “Le importo”, actúan como mecanismo que mantiene y refuerza su dependencia afectiva así como su sintomatología depresiva al no conseguir su objetivo. Igualmente se mantiene patológicamente su necesidad de que “Mi madre me explique qué le he hecho yo”, o peor aún “¿En qué le he fallado?”, de forma que cuanto más se necesita conocer estos extremos y en ausencia de explicación alguna, la tendencia a culpabilizarse es cada vez mayor. El Apego Inseguro Evitativo materno  Un error habitual en muchos de estos casos radica en la propia creencia disfuncional que “Para que mi madre me trate así, he debido de hacer algo mal”, situándose el foco del problema en un posible error propio, en lugar de centrarlo en las posibles dificultades afectivas de esa madre alejada. En tal sentido debemos conceptualizar la existencia de tres formas de Vinculación emocional o Apego: por un lado la orientada a establecer relaciones sanas de cariño y amor, sin miedo a la intimidad, ni a ser amados o a mantener relaciones emocionales maduras confiando en los sentimientos de los demás (Apego Seguro); y por otro, las caracterizadas bien por reacciones de evitación debidas por increíble que parezca a la incomodidad que producen las relaciones afectivas (denominado Apego Inseguro Evitativo), o bien en el extremo contrario por una necesidad excesiva de demostraciones de cariño, miedo a la soledad y el abandono, dependencia emocional, celos y desconfianza (denominado Apego Inseguro Ansioso). Pues bien, generalmente la madre “alejada” emocionalmente coincide con el patrón Evitativo, cuya consecuencia en la hija falta de cariño suele ser el desarrollo de un patrón de Apego Ansioso. Tratamiento psicológico   El tratamiento psicoterapéutico de elección en este tipo de casos tiene como principal objetivo superar tanto la Dependencia Emocional del cariño materno (aprender a vivir sin necesitar su cariño en exceso), como de todas aquellas otras personas que se haya ido desarrollando igualmente con los años (de la pareja, las amistades… e incluso de los propios hijos). Tomar conciencia de la propia dificultad materna para amar de una forma más adecuada, así como dejar de culpabilizarse por ello, constituyen las primeras metas a alcanzar, así como superar las creencias disfuncionales que mantienen la dependencia y la autoculpabilización. Finalmente, es necesario desarrollar otras relaciones afectivas más satisfactorias y sanas.
19.04.2015
PABLO TORRES SALVADOR
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"Todo empezó hace unas semana. Me desperté a mitad de noche muy nervioso y mi cabeza estaba recordando una situación sin importancia de hace muchos años, cuando aún era un niño, y ya no he conseguido quitármela de la cabeza. Jugaba con un amigo, y nos tocábamos el uno al otro en nuestros genitales, sin otra intención que si hubieran sido empujones. Pero desde entonces me asalta una duda que intento por todos los medios resolver: "¿Me gustó?". Necesito asegurarme que no me gustó, necesito estar seguro de mis preferencias sexuales... No lo entiendo, si hasta ahora no me lo había cuestionado en lo más mínimo... Pero, ¿Por qué he soñado con esto? Lo que peor llevo son las imágenes que aparecen involuntariamente en mi cabeza, de hombres desnudos. Parece que mi mente me esté poniendo a prueba. No quiero ni pensarlas, pero ahí están una y otra vez, no quiero prestarles atención, pero la duda se acentúa: "¿Me gustarán los hombres?". Intento neutralizarlas utilizando otras imágenes que me confirmen que soy heterosexual haciendo un repaso de las relaciones sexuales que he mantenido en el pasado. Han sido muchas y satisfactorias, todas heterosexuales, pero no me quedo tranquilo. Y en el gimnasio que nunca me había preocupado ducharme con otros hombres, ni nunca me habían llamado la atención, ahora evito mirarles y si lo hago me siento muy nervioso, como si tuviera miedo a que me guste. Intento pensar en otras cosas, intento distraerme, pero ni aun así lo consigo. Y cada noche vuelvo a lo mismo. ¡Si es que ya comienzo a tener miedo a que se acerque la noche!". Características clínicas El caso relatado ejemplifica un tipo de Trastorno Obsesivo-Compulsivo caracterizado no por la duda acerca de la propia orientación sexual, sino por la duda obsesiva acerca de ser homosexual. De forma similar se puede dudar acerca de las cuestiones más cotidianas, como ¿Qué ropa me pongo?, ¿Debería quedarme con este piso/ zona residencial, o cambiar a otra?, ¿Debería comprar otro coche y vender el que tengo?, o sobre relaciones personales como ¿Querré de verdad a mi pareja?, ¿Cómo sé que la quiero? Las dudas pueden alcanzar el carácter de obsesivas apareciendo en forma de pensamientos o imágenes que se consideran intrusivas porque lo hacen en contra de la propia voluntad, y sin apenas control sobre ellas, y egodistónicas porque su aparición produce un enorme malestar. Casi todo el mundo ha experimentado alguna vez algún pensamiento intrusivo, especialmente en periodos de estado de ánimo bajo, pero no lo han vivido con tanto malestar. Lo cierto es que cuanto más escrupuloso y rígido se es respecto al contenido de dichos pensamientos, más probable es que se produzca un enorme malestar. En nuestro caso, un tema relacionado con la posibilidad de ser homosexual, pero igualmente en el caso de un hombre con creencias religiosas muy fuertes y muy rígidas, podría obsesionarse con la posibilidad de blasfemar contra Dios.   Los rituales mentales Ante estos pensamientos obsesivos de nuestro caso, suele recurrirse a rituales mentales para reasegurarse en un comportamiento sexual deseado, como buscar ejemplos de su historia sexual previa en forma de imágenes “positivas“ que restituyan las imágenes temidas, las cuales se necesita eliminar lo más inmediatamente posible para aliviar el malestar que producen, pero que no resuelven las dudas suficientemente al necesitarse una seguridad plena, al cien por cien, en que no se es homosexual. Por lo que el malestar sigue aumentando, instaurado en un círculo vicioso entre la necesidad de control de las dudas y la ansiedad por no conseguirlo, que se retroalimentan entre sí, mientras se obvia la verdadera raíz de esta obsesión: la enorme importancia que se otorga a la posibilidad de ser homosexual. Otros comportamientos ineficaces son las conductas de evitación, como evitar mirar imágenes de hombres desnudos, aunque sólo lo estén parcialmente, o evitar situaciones en que puedan verse expuestos a dichos desnudos (como ducharse en el gimnasio). En conjunto, todos estos comportamientos ineficaces de neutralización son precisamente los que mantienen y dificultan superar los pensamientos obsesivos. Vulnerabilidad psicológica Cómo en el ejemplo relatado, el desencadenante de estas obsesiones puede constituirlo cualquier situación vivida, incluso las que creíamos sin importancia de hace años, especialmente en las personas más vulnerables por sus dificultades para tomar decisiones y resolver problemas (los indecisos), quienes suelen tener creencias erróneas acerca de que las personas debemos tener un control total sobre los pensamientos, y que sólo podemos pensar aquello que deseamos, así como poseen un sistema moral rígido y un alto perfeccionismo. Tratamiento psicológico   La clave para superar este tipo de Trastornos radica en conseguir la Habituación a la obsesión hasta que deje de producir malestar, para lo cual las técnicas de elección más habituales son la Autoexposición a los pensamientos junto con la Prevención de las Respuestas ritualizadoras.
13.04.2015
PABLO TORRES SALVADOR
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¿Por qué sigo manteniendo una relación con una persona casada si me hace sufrir tanto?   Esta es la pregunta que suele hacerse a menudo la persona que mantiene una relación sentimental con un hombre casado o una mujer casada, una pregunta propia de quien más suele sufrir en estas relaciones. Por otro lado, la persona casada habitualmente suele sufrir mucho menos, y la tercera persona suele estar generalmente ajena a lo que está ocurriendo.   Aunque habitualmente estas relaciones afectivas con personas casadas pueden darse también en hombres, suelen ser más las mujeres quienes las sufren.   Características de las relaciones sentimentales con una persona casada   Estas relaciones soltera-casado suelen estar caracterizadas por la existencia de un claro desequilibrio entre ambas partes, a pesar de lo cual, y en ocasiones precisamente debido a ello, siguen manteniéndose incluso durante mucho más tiempo que otros tipos de relaciones que pueden considerarse más equilibradas. En primer lugar, el desequilibrio ocurre en cuanto a la disponibilidad para mantener el contacto. Por un lado, la persona soltera generalmente no tiene tanta necesidad de ocultar la relación o mentir para salvaguardarla, de modo que su disponibilidad de tiempo e incluso de espacio suele ser mucho mayor. Y por otro, el deseo de pasar hasta el último minuto posible con la persona amada lleva a priorizarle por delante de cualquier otra persona de su vida, incluidos a veces los hijos, y por supuesto por delante de cualquier otra actividad incluso el trabajo. En cambio, para la persona casada la disponibilidad es reducida debido a sus propias responsabilidades familiares y a su deseo de ocultar la relación extramarital, en muchas ocasiones al pretender mantener las dos relaciones simultáneamente, y mientras tanto no decida romper su matrimonio para ofrecer una solución de continuidad futura a la nueva relación, si bien este es un factor fundamental que puede utilizar para ejercer su dominio en la relación y para mantener la situación de dependencia de su pareja soltera.   El desequilibrio también se produce en cuanto a la normal reciprocidad propia de cualquier relación de pareja, en la que el intercambio de conductas para agradar al otro suele estar a la par y suele ser recíproco. Generalmente hay una persona que suele dar mucho más en este tipo de relaciones, precisamente la persona soltera que suele ser quien más sufre, quien a su vez puede percibir que la tercera persona que espera en casa a su pareja se lleva “la mejor parte”, a saber: disfruta de la convivencia en el día a día e incluso del despertar juntos cada mañana, cuenta con su apoyo en cualquier momento y sobre todo cuando más falta le hace, e incluso mantiene cierta seguridad económica.   Funcionalidad de este tipo de relaciones Curiosamente, la persona soltera que está sufriendo más en la relación es difícil que valore en su totalidad los aspectos negativos que también podría llegar a sufrir si en lugar de desempeñar el actual papel de amante, estuviera ejerciendo el de esposa. Y no tanto por los aspectos relacionados con la propia infidelidad, sino por los que tienen que ver precisamente con lo que añora: la convivencia y la estabilidad afectiva. Por ejemplo, los conflictos cotidianos, la rutina o los problemas con los hijos. Ello se debe a que precisamente la falta tanto de convivencia como de normalización de la relación para que deje de permanecer oculta, funcionalmente también protegen de los aspectos más negativos que suelen aparecer con el paso del tiempo en la relación, lo que a la vez propicia un estado de enamoramiento de mayor continuidad al vivirse en una continua luna de miel, que a su vez lleva a rechazar cualquier aspecto negativo en la persona amada, a quien por otro lado se cree sin el menor asomo de duda cuando culpabiliza a su propia mujer de sus propios problemas matrimoniales. Paradójicamente, la persona más necesitada de cariño, la más enamorada de los dos, es la que tiene que conformarse con las “migajas” de amor que recibe, y con ser la otra o la amante. Por otro lado, la disponibilidad casi absoluta para obtener esas “migajas” de amor conlleva que siempre diga “Si” ante las escasas oportunidades que su amante le plantee para mantener un encuentro, reforzando la dependencia que se está desarrollando de este exiguo amor, a la vez que se niega a sí misma la oportunidad de comenzar otras relaciones más fructíferas o de mayor futuro. Y si por casualidad en alguna ocasión se ha decidido a darse dicha oportunidad y tampoco ha conseguido la estabilidad sentimental buscada, aún reforzará más su dependencia. Rasgos de personalidad característicos   Efectivamente estas personas suelen caracterizarse por unos rasgos dependientes de personalidad, con una gran necesidad de ser queridas y un intenso miedo a perder el amor de la persona a la que idealizan, que les lleva a esperar incluso durante años que su pareja acabe por elegirlas frente a su otra relación, caracterizándose por cierta actitud sumisa y desarrollando una verdadera adicción así como síntomas similares al síndrome de abstinencia ante cualquier ruptura.   Por el contrario, el otro miembro de la pareja, generalmente el hombre casado, suele tener unas motivaciones diferentes. En muchos casos, en lugar de añorar el amor suele pretender otro tipo de satisfacciones más inmediatas, como sentir que aún mantiene su atractivo, vivir un nuevo idilio que aporte vidilla a su vida rutinaria, o la mera satisfacción sexual, por lo que puede mantener ambas relaciones a la vez, la matrimonial y la extramarital, sin sentir excesiva culpabilidad, e incluso dejar claro desde el principio que no se va a divorciar nunca. Su disponibilidad suele ser escasa, así como está relacionada con su necesidad de gratificación inmediata, lo que además se convierte en una forma de ostentar su poder: “Quedo cuando a mí me viene bien”. Y su afectación por la falta de una mayor continuidad en la relación es prácticamente inexistente, aunque puede desear que no acabe tal y como la viene manteniendo, desequilibrada hacia su favor. Por todo ello, muchas de estas personas suelen caracterizarse por unos rasgos narcisistas de personalidad con cierto egoísmo e incapacidad de entender el sufrimiento de sus parejas (escasa Empatía), y pueden llegar a mostrarse desconfiadas en cuanto a ser objeto a su vez de una posible infidelidad por parte de su “amante”, e incluso a ejercer cierto control en relación a con quien sale o con quien se relaciona, en un intento de mantener su dominio sobre él/ella y no perder el objeto de su gratificación.
07.04.2015
PABLO TORRES SALVADOR
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El Informe Pericial Psicológico constituye actualmente una de las pruebas de mayor relevancia en muchos procedimientos judiciales en los que se trata de dilucidar el ajuste psicológico y/o la competencia parental de las personas en litigio, la adaptación psicosocial de los menores o la credibilidad de un testimonio, especialmente en procedimientos de guarda y custodia de los hijos. Fiabilidad y Validez del Informe Pericial El informe pericial psicológico debe garantizar que el auxilio que ofrece al Tribunal judicial responde al proceder más ajustado a los conocimientos científicos actuales, ofreciendo las menores dudas posibles acerca de sus conclusiones. Sin embargo, no existen protocolos establecidos con un suficiente grado de consenso entre la comunidad científica para garantizar la máxima Validez de este tipo de evaluaciones (entendida por Validez que tanto los instrumentos psicológicos como la metodología utilizados sirvan realmente al objeto de la evaluación solicitada), ni una suficiente objetivación en la toma de decisiones que garantice la máxima Fiabilidad de las conclusiones alcanzadas (es decir que impida que en otras circunstancias similares puedan alcanzarse conclusiones totalmente contradictorias). Quizás por ello encontramos con mayor frecuencia de la deseable, errores de tal envergadura que deberían conllevar necesariamente la nula consideración de las conclusiones que de ellos se deriven, si bien no siempre puede dilucidarse la relevancia de dichos sesgos por parte de Jueces y Fiscales, dado que no son expertos en Psicología Forense. Por ello, la persona perjudicada por dichos errores periciales cada vez es más habitual que promueva un  Dictamen o Contrainforme pericial que evalúe el informe pericial por el que se siente perjudicada, y aprecie si existe una suficiente fundamentación científica en sus conclusiones. Errores más frecuentes en los Informes Periciales Psicológicos A continuación, se ofrece a modo de autocrítica un listado de los sesgos más habitualmente encontrados en los informes periciales psicológicos, que todos los Peritos Forenses deberíamos evitar, y que también pueden orientar a Jueces y Fiscales en su práctica judicial: Ø Obviar evaluar a todos los miembros de la familia: por ejemplo, prescindir de evaluar a los menores a pesar de tener edad suficiente para completar un test psicológico o ser entrevistados. Ø Valorar la competencia parental o los estilos de crianza de los progenitores sin utilizar prueba psicológica alguna, a partir de la información ofrecida por cada uno de ellos en la entrevista, o en base a juicios de valor acerca de lo convincente que resultan sus propuestas. Ø Obviar ofrecer la descripción de los resultados obtenidos en las pruebas psicológicas, o la reflexión en torno a ellos, u obviar ofrecer una integración de todos los resultados. De tal manera que las conclusiones parecen más basadas en impresiones o en unos pocos datos, que en el proceso completo de evaluación seguido. Ø Falta de transparencia: al no aportar todos los resultados obtenidos en las pruebas de evaluación, ni siquiera los significativos, se dificulta su necesaria contrastación científica y obliga a un innecesario ejercicio de confianza ciega en la labor del Perito. Ø Obviar la toma en consideración necesaria de todos los documentos y datos obrantes en Autos, o los aportados al proceso pericial por uno u otro progenitor. Ø Ofrecer sólo los datos que muestran congruencia con las conclusiones alcanzadas, de entre todos los obtenidos en la evaluación pericial, y obviar los incongruentes. Ø Aunque pueda resultar inverosímil, uno de los errores más frecuentes consiste en la falta de fundamentación científica de las conclusiones ofrecidas en el informe pericial. Ø Errores en la utilización de las pruebas psicológicas (tests, sesiones de observación). Los más habituales, son: ·      Pruebas desfasadas: Utilización de pruebas demasiado antiguas, y cuyos baremos están tan obsoletos que no permiten extraer resultados aplicables al contexto sociocultural actual. Es decir, al cambiar la sociedad cambian los valores, creencias y costumbres, y se requiere adaptar los tests para contemporizarlos, adaptando la redacción de sus preguntas o ítems, y obteniendo nuevos baremos de referencia adaptados al momento presente.  ·      Pruebas que no cumplen los requisitos metodológicos mínimos: Utilizar pruebas que han sido baremadas con un escaso número de sujetos, o cuyos grupos de baremación son escasamente representativos de la población, por ejemplo en cuanto a su escasa variabilidad clínica, a pesar que la prueba pretende ofrecer una adecuada discriminación entre un sujeto y otro en cuanto a la clínica que padecen. ·      Utilizar una gran cantidad de pruebas, como si con ello aumentara la calidad del informe pericial, cuyos resultados luego no se tienen en cuenta, para finalmente basar sus conclusiones en impresiones obtenidas en las entrevistas periciales, o en posibles prejuicios a favor o en contra de un tipo de custodia, como la compartida. ·      Discriminación entre uno y otro progenitor en la utilización de las pruebas: Utilizar pruebas diferentes con uno u otro progenitor, lo que impide una mínima comparación estandarizada entre ellos. ·      Errores en la temporalidad de los síntomas evaluados: Utilizar sesgadamente pruebas psicológicas diseñadas para evaluar los síntomas sufridos en las últimas semanas, para intentar apreciar rasgos de personalidad que son características estables e inflexibles del comportamiento que suelen iniciarse en la adolescencia o el principio de la edad adulta. ·      Errores en el rango de edad: Utilizar pruebas indicadas para un rango de edad concreto con personas que no tienen esa edad, como la utilización con adultos del Test del Dibujo de la Familia, cuando dicha prueba está indicada exclusivamente para niños y adolescentes. ·      Errores en la finalidad de la prueba: Utilizar sesgadamente pruebas cuya finalidad es la selección de personal, el desarrollo personal, la orientación al proceso de tratamiento, o la mera evaluación del nivel de estrés para apreciar una posible incapacidad o invalidez psíquica, para evaluar posible desajuste psicológico (rasgos desadaptativos de personalidad y trastornos mentales). Ø Errores con respecto a la utilización de las entrevistas periciales: En muchos informes periciales los resultados de las entrevistas aportan una información relevante en sus conclusiones, por lo que estas deberían realizarse con el máximo rigor científico, sin embargo suelen cometerse errores tales como: ·      Obviar ofrecer la información relevante obtenida de las entrevistas, o no ofrecerla textualmente. Ello dificulta gravemente una mínima contrastación externa, por ejemplo para conocer si se ha interpretado de forma objetiva los datos aportados por las entrevistas. ·      Realizar una única entrevista a cada miembro del núcleo familiar, sin posibilidad de someter la información obtenida a una necesaria contrastación inter-progenitores, como si los peritados no pudieran ofrecernos la información de forma sesgada, o en ocasiones incluso intencionadamente. ·      Utilización diferente de las entrevistas con uno y otro progenitor, en cuanto a su duración, o su número. En ocasiones encontramos que a un progenitor se le ha realizado una única entrevista, mientras que al otro se le han realizado dos o más, lo que puede ser indicativo de la existencia de posibles prejuicios hacia uno de ellos, o hacia sus propuestas. ·      Sesgo en realizar intentos de diagnóstico clínico durante la entrevista pericial sin contar con la necesaria especialización en Psicología Clínica. Ø Obviar la evaluación en profundidad de posibles procesos de Interferencia Parental o de AlienaciónParental entre los progenitores, de un posible Maltrato o Abuso Sexual o de un posible Abuso de sustancias adictivas por parte de alguno de ellos, o las denuncias existentes entre ellos, y todo ello a pesar de la existencia de indicadores al respecto. U obviar valorar la existencia de comportamientos relevantes de una escasa sensibilidad hacia las necesidades de los menores, tales como la renuncia voluntaria a su sostenimiento económico, o la renuncia a mantener una mínima comunicación con el otro progenitor con el objeto interesado de aparentar la existencia de un mayor conflicto entre ellos del realmente existente.
29.03.2015
PABLO TORRES SALVADOR
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Las personas con una adecuada capacidad de Autocontrol son capaces de inhibir sus impulsos y controlar sus deseos y urgencias personales, lo que pueden hacer de varias maneras: mostrándose organizadas, disciplinadas, y perfeccionistas, con escasa tolerancia al desorden; o cumplidoras en sus deberes y respecto a las normas, y perseverantes; o realistas, prácticas y más orientadas a los datos observables que a la fantasía; o tomándose la vida más seriamente, mostrándose poco dadas a la diversión y escasamente espontáneas. La necesidad de gratificación inmediata Frente a las personas impulsivas, las personas que se autocontrolan son capaces de demorar voluntariamente en el tiempo la obtención de gratificaciones inmediatas. Mientras que la impulsividad conlleva la necesidad de conseguir lo que se desea lo antes posible, por ejemplo en el caso de un adolescente que no puede resistir la tentación de ponerse a ver la televisión o jugar a la videoconsola a pesar de tener un examen próximo que aún no tiene preparado: no puede evitar optar por la gratificación inmediata de ver su programa favorito en la televisión, aunque le reste un tiempo valioso que le lleve inevitablemente a suspender el examen dentro de unos días. La evidencia experimental La capacidad de Autocontrol es uno de los rasgos de personalidad que mejor predice el éxito en los estudios, y en el trabajo, así como la satisfacción con la propia vida, por encima incluso del nivel intelectual. Así se puso de manifiesto en los años 60 en un ingenioso estudio de Walter Mischel, investigador de la Universidad de Stanford, realizado con niños de 4 años de edad, denominado el “Test de la Golosina”, que evidenció que a esta edad tan temprana ya existen claras diferencias entre unos niños y otros en relación a su capacidad para contener el impulso de comerse una golosina que tienen a su alcance cuando se quedan sin la supervisión de un adulto. El investigador ofreció a cada niño dos golosinas en lugar de una, si era capaz de contener su deseo de comérsela mientras se quedaba solo. La mayoría de los niños fueron capaces de demorar la gratificación de comerse la golosina, utilizando estrategias de distracción tales como cantar o jugar, o simplemente darle la espalda a la golosina, para no verla. Mientras que los niños más impulsivos se abalanzaron sobre la golosina en cuanto se quedaron solos. Lo interesante del estudio radica en el seguimiento realizado doce años después, encontrándose que los niños capaces de controlarse a una edad temprana, continuaban haciéndolo años después, y habían desarrollado una mayor resistencia a las frustraciones, eran más equilibrados, sociables, decididos, constantes y emprendedores, y mostraban una menor tendencia a desmoralizarse.   Desarrollo evolutivo Evolutivamente, la capacidad para resistir los impulsos posponiendo las gratificaciones mediante un autocontrol que tiene como objetivo lograr otras metas más satisfactorias a largo plazo, comienza a desarrollarse a temprana edad y se consolida en la adolescencia y en la edad adulta. Estrategias para aumentar el Autocontrol Para aumentar el Autocontrol es importante diferenciar las gratificaciones orientadas principalmente al logro de metas a largo plazo, de aquellas exclusivamente dirigidas a alcanzar metas inmediatas que dificultan la consecución de las primeras. Estas últimas son consideradas gratificaciones negativas. Algunos ejemplos de gratificaciones negativas son: a) comerse un buen trozo de chocolate para “calmar” la ansiedad en contra del objetivo de mantener una dieta equilibrada; b) no soportar la espera hasta que nuestro hijo de 20 años nos telefonee para informarnos que ha llegado bien al destino de su viaje, y anticiparse a su llamada de forma desesperada telefoneándole en cuanto se calcula que acaba de aterrizar su avión, frente al propósito de aprender a vencer mis miedos a que le haya pasado algo malo; o c) no soportar mucho tiempo sin comunicarse con una amiga que se ha enfadado injustificadamente, y acabar telefoneándole y cediendo una vez más, cuando el objetivo era hacerse respetar de una vez por todas. Por lo que identificar la posible inadecuación de las gratificaciones para lograr metas de mayor relevancia a largo plazo es una de las principales estrategias para aumentar el Autocontrol en las que los Psicólogos Clínicos pueden ayudarnos. Otra estrategia consiste en contar con un repertorio de posibles gratificaciones inmediatas ante situaciones de “urgencia” que no interfieran en mis metas, como alternativa a las gratificaciones negativas. Ejemplos de gratificaciones positivas, serían: a) buscar alternativas más positivas al consumo excesivo de chocolate para calmar la ansiedad y que no obstaculicen la dieta, como realizar un deporte que resulte gratificador, o desahogarse por teléfono con una amistad; b) y c) o planear una actividad gratificante y que permita mantenerse ocupado, como irse al cine a ver una buena película para soportar mejor la espera hasta tener noticias del hijo que está de viaje, o la espera hasta que la amiga “castigadora” se dé cuenta que esta vez no va a conseguir manipularnos injustificadamente con su silencio y acepte que tiene que respetarnos. Y otras estrategias son la distracción, la utilización del apoyo social para ayudarse a demorar la gratificación, o la visualización de los aspectos negativos de una gratificación inadecuada.  Es decir, no debemos obviar que la capacidad de Autocontrol de los impulsos es fruto del aprendizaje. Incluso con respecto a nuestros propios hijos, a los que podemos ayudar a entrenarla, por ejemplo si no les damos todo lo que piden inmediatamente, si les enseñamos a comer de forma variada y no sólo unas pocas comidas que son las únicas que dicen que les gustan, si les enseñamos a cumplir primero con sus obligaciones (por ejemplo, deberes y estudio) antes de dedicarse a las actividades que más les gustan, o si les animamos a hacer frente a sus temores injustificados en lugar de evitarles pasarlo mal. Web: http://www.peritopsicologo.es/  
22.03.2015
PABLO TORRES SALVADOR
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  ¿Qué es la Ansiedad?   La Ansiedad es un mecanismo de alarma que se activa ante cualquier percepción de “amenaza” o “peligro” real o imaginario, cuyo objetivo originariamente en nuestra especie ha sido lograr nuestra supervivencia (como en el caso de peligros que pueden resultar mortales), pero también puede activarse ante situaciones en que simplemente vemos peligrar nuestro ego, como en las que tememos hacer el ridículo o que piensen mal de nosotros. Por lo que aun tratándose de un mecanismo innato que se activa automáticamente, también puede hacerlo en las situaciones más absurdas fruto de nuestras propias experiencias previas y nuestros aprendizajes, como es el caso del temor a la falta de orden o de simetría en algunos objetos, el miedo a ser abandonados afectivamente, el temor a no hacer las cosas perfectas, etc. La mejor manera de conceptualizar la Ansiedad es asemejarla al miedo, la preocupación o la obsesión.   La Ansiedad positiva y la Ansiedad negativa   Efectivamente existe un tipo de Ansiedad que puede considerarse positiva, en la medida en que es facilitadora y ayuda a afrontar peligros reales activándonos física y mentalmente (por ejemplo, nos ayuda a esquivar un vehículo que viene hacia nosotros y no parece que vaya a detenerse mientras cruzamos un paso de peatones, o nos ayuda a pensar más deprisa para responder el máximo número de preguntas de un examen importante). Y existe otro tipo de Ansiedad negativa, que aparece en forma de miedo o preocupación excesiva en situaciones en que no existe una amenaza o peligro real, como es el caso de subir en ascensor, hablar en público, o notar somatizaciones en nuestro propio cuerpo tales como palpitaciones o sensación de mareo. Esta ansiedad negativa en la medida que nos produzca un malestar o limitación clínicamente significativos, requerirá un esfuerzo para superarla en ocasiones incluso con ayuda psicoterapéutica, psicofarmacológica o con ambas.   El sistema nervioso simpático y parasimpático   El sistema nervioso que activa nuestro mecanismo de Ansiedad es el Sistema Nervioso Autónomo y más concretamente el Sistema Nervioso Simpático que nos prepara para la acción. Su antagonista se denomina Sistema Nervioso Parasimpático, y es el responsable de la relajación o disminución del nivel de estrés. Ambos sistemas se activan prácticamente a la vez ante la percepción de amenaza o peligro predominando la activación nerviosa, hasta que ésta comienza a disminuir imponiéndose el S.N. Parasimpático.   Muchas personas desconocen este funcionamiento de nuestro propio sistema nervioso por el cual la Ansiedad excesiva acaba siempre por controlarse, por lo que erróneamente llegan a necesitar controlar la Ansiedad de inmediato, o en caso contrario creen que continuará aumentando o se mantendrá a un nivel tan alto que les llevará a sufrir algún fallo de gravedad en su organismo, por ejemplo un infarto, temor que por otro lado aumenta más aún su Ansiedad, instaurándose en un círculo vicioso del que les cuesta mucho salir. Así suele ocurrir con los Ataques de Pánico o Crisis de Ansiedad, en los que el miedo se dirige a la falta de control de la propia Ansiedad y de su sintomatología asociada.   Los tres "ingredientes" de un trastorno de ansiedad   El componente más visible de la Ansiedad son los Síntomas físicos o psicológicos, principalmente las palpitaciones, la opresión en el pecho, la dificultad para respirar, la sensación de mareo y el malestar en el estómago. Constituyen las señales más claras de que estamos ansiosos.   Pero existen otros dos componentes que suelen pasar desapercibidos, y cuya importancia en la clínica de la Ansiedad es fundamental. Por una parte los Pensamientos e Imágenes, que suelen tener características catastróficas acerca de la posibilidad en la ocurrencia de algo malo o de no poder soportar la situación temida, que pueden aparecer de forma automática y que están directamente relacionados en muchas ocasiones con la activación de la ansiedad al percibirse una amenaza o peligro.   Por otro lado, las Conductas o formas de reaccionar ante la situación que nos produce Ansiedad, de gran relevancia cuando se trata de conductas de huida de la situación temida (por ejemplo marcharse a casa, o marcharse del lugar donde lo estoy pasando mal), conductas de evitación (por ejemplo no volver a ese lugar donde lo he pasado mal), o conductas de seguridad (por ejemplo acudir acompañado, o llevar las pastillas en el bolsillo continuamente como medida de protección).   ¿Qué hace que se mantengan los problemas de Ansiedad?   Son precisamente este tipo de conductas mencionadas, cuya funcionalidad no es otra que la de aliviar el miedo lo más inmediatamente posible, las que también impiden superarlo cuando se trata de situaciones en las que no existe amenaza o peligro suficientes, ya que dichas conductas de evitación, huida o seguridad tienen una segunda funcionalidad, en este caso a medio y largo plazo, al impedir que nuestra mente logre la habituación esperable a estas situaciones hasta controlar el nivel de ansiedad, por lo que nuestro cerebro sigue valorándolas como peligrosas, y sigue activando el mecanismo de alarma una y otra vez, incluso tan solo con pensar en ello.   En ocasiones, consideramos que no tiene importancia tenerle miedo a algo o padecer una única Fobia. Lo que solemos desconocer es que a partir incluso de un único miedo se puede llegar a generalizar dicho miedo a otras situaciones parecidas o a futuros miedos sin relación alguna, es decir desarrollamos cierta vulnerabilidad a nuevos problemas de Ansiedad.   web: http://www.peritopsicologo.es/
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¡¡¡Papá, creo que mamá odia a tu mujer!!!

Obstáculos a la Custodia Compartida en la Comunidad Valenciana

"¿Por qué mi madre no me quiere?". Otra forma de Dependencia Emocional

"¿Soy homosexual y no lo sé?". Un caso de duda obsesiva.

¡Ella siempre dice "Sí"!. Una forma de Dependencia Emocional

Errores más frecuentes en los Informes Periciales Psicológicos

¡No seas impulsivo! Características clínicas del Autocontrol y cómo mejorarlo

"¡Socorro. Tengo Ansiedad!"

Consecuencias en los hijos de la Alienación Parental

"¡Te vas a enterar!". Un caso de denuncia falsa por Abuso Sexual

Custodia de menores y Abuso del Alcohol. Utilidad del Informe Pericial

La Personalidad Histriónica en el Informe Pericial de Custodia de Menores.. La necesidad de ser el centro de atención

 

La Alienación Parental Una forma de maltrato infantil

 

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